¿Jugar o programar?



En el verano de 1991, tenía 11 años y estaba de vacaciones en Lima. Mi única prioridad era terminar el juego de moda, Prince of Persia, en la computadora familiar. La meta que me auto impuse fue lograrlo antes de que regrese a mi natal Huancayo para comenzar el 6to año de primaria. No imaginé en ese momento que iba a recibir uno de los regalos más importantes de mi vida, uno que definiría mi futuro profesional.


Una tarde de aquellos días llegó de improviso mi tío Willord Urco. Recuerdo la energía que traía, preguntas y buen ánimo. Disfrutaba esas visitas porque admiraba muchas cosas de él, por ejemplo que estudió en una universidad exigente en matemáticas y que siempre se daba tiempo para aprender algo nuevo. Ya en aquella época me imaginaba siguiendo sus pasos, pero eso sería en el futuro porque en ese verano no pensaba en otra cosa más que en jugar.


Deja de jugar y aprende a programar

Estaba solo en la casa y sumamente enfocado en el juego. Al verme así, me dijo: "Deja de jugar y aprende a programar". Sabía que era programar, pero me daba temor y flojera porque parecía complicado. No sabia inglés y veía tantas palabras nuevas que perdía el interés por aprender. Al notar mis dudas, como un buen mentor, se sentó a mi lado y sacó del estante un libro de programación en Basic.


Pasamos horas construyendo un programa que sume, reste, multiplique y divida. Willord no era experto en software, su especialidad era ingeniería civil, sin embargo tenia una buena capacidad para descubrir soluciones a cada reto que enfrentábamos. Esa tarde programé por primera vez con la ayuda de mi tío y él me demostró que con creatividad, astucia y perseverancia podía aprender a programar.

Hoy recuerdo con mucho cariño ese momento porque desde ese día no he dejado de programar. Con el tiempo descubrí que me apasiona la tecnología, agilidad e innovación. Y gracias a eso, he tenido la oportunidad de liderar los equipos de tecnología que construyeron productos como los mensajes misios de TIM, Yape de BCP, Open Banking de Interbank, y ahora último la fintech peruana Blum.


Lamentablemente, Willord nos dejó hace quince días. Tuve la suerte de agradecerle en vida por varias cosas, pero en especial por esas horas que programamos juntos. Sus ganas de vivir, luchar y perseverar hasta el último momento siempre serán un gran ejemplo para todos los que lo conocimos. ¡Gracias, gracias infinitas, Willord!

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